Hubo un tiempo en el que escuchaba de la esperanza y no entendía nada, una palabra simple: esperanza esa, la que muere al último, la que se debe abandonar a las puertas del infierno, la que indica espera, seguridad, confianza, garantía que se tiene en si mismo en otro o en una cosa, ¿porque a veces parece que estorba?, será porque tiene una carga pasiva, pero sin ella la nada no hay más.
Por fin, al menos para mí quedo claro su significado; viendo una famosa serie sobre combatientes de la segunda guerra mundial a un hombre que empieza a traumatizarse por las terribles escenas de guerra a su alrededor su colega le advierte, que el nerviosismo entre las filas se debe a que aún tienen esperanza, pero ellos desde que se lanzarán del avión que les llevo a la zona de conflicto ya estaban muertos y que pensando así podrían realizar su labor sin problema alguno pues la sola idea de la vida o la muerte no ocuparía espacio en sus mentes.
¿Pero que se logra con esto? ciertamente el logro de sus objetivos tal vez, pero más allá de ellos se pierde la humanidad misma, entonces para que luchar sí la propia vida no tiene sentido, si la de tus compañeros ya no importa, si la de quien robarás en un disparo de tú arma se ira una tras otra sin que haya fin pues este ya no se espera.
En un apartado de un libro de Octavio Paz titulado Tiempo nublado que es una recopilación de artículos sobre las transformaciones sociales escrito a finales de los 70's, se lee una breve historia de un demonio que le habla a nuestro escritor sobre la asamblea del Pandemónium, cuando en ella se discutió de lo que debían hacer después de la Caída, tras haber querido tomar el cielo liderados por Luzbel, Moloc “dijo: -¿Cómo, fugitivos del cielo, podemos demorarnos sentados aquí y aceptar como albergue este cubil oprobioso mientras millones armados esperan la señal para asaltar las alturas? El tirano reina allá sólo por nuestra tardanza...- Moloc incitó a la insurrección y a la guerra. Después habló Belial, que aconsejo prudencia.”
Y llegado su turno Mammón pronuncio su discurso “Mammón no propuso ni el levantamiento del soberbio Moloc ni la sumisión del hipócrita Belial: puesto que no podemos derrocar al Altísimo ni obtener su perdón (y aun si esto último fuese posible: a quien no le humillaría pasarse el día celebrándolo con forzadas aleluyas? Qué monótona etrnidad sería la nuestra si la pasásemos en adoración al que odiamos...). No, no nos empeñemos en lo imposible ni nos resignemos a lo inaceptable: hay que buscar el bien propio en nosotros mismos y vivir libres en esta vasta guarida, sin dar cuenta a nadie de lo que hacemos. La dura libertad es preferible al yugo y a la pompa servil...¿la oscuridad de este hoyo nos amedrenta? La traspasaremos con luces imitadas de la suya. ¿nos espanta esta desolación? Tenemos ingenio y perseverancia para levantar magnificencias... nuestras mismas torturas, por obra del tiempo y la costumbre, se convertirán en una segunda naturaleza y los fuegos que nos martirizan serán caricias...”
A esto el demonio que habla con el escritor le hace ver que los demonios tienen su equivalente en las acciones de los hombres y le pone el ejemplo del sistema ideológico ruso por un lado y por el otro el estadounidense y las democracias capitalistas, nuestro escritor le comenta que aunque ya todo este escrito siempre podría escogerse el mal menor a lo que el demonio replica y trata de convencerle que debe haber un desprendimiento para poder ser libre y no perderse en el tiempo, pero a su vez le contesta:
“ Tal para cual... Vivimos en el tiempo, estamos hechos de tiempo y nuestras obras son tiempo: pasan y pasamos. Pero podemos ver, a veces, en el cielo nublado, una claridad. Quizá no hay nada atrás y lo que ella nos muestra es su propia transparencia.
Él: (con avidez): ¿Y es bastante? ¿Te basta con ese reflejo de un reflejo?
Yo: Me basta, nos basta. Somos lo contrario de ustedes: no podemos renunciar ni al acto ni a la contemplación.
Él (con otra voz): Para nosotros ver y hacer es lo mismo – y se resuelve en nada. Todos nuestros discursos elocuentes terminan en silbidos de víbora...
Somos espíritus caídos en el tiempo pero no somos tiempo: somos inmortales. Ésa es nuestra condena: eternidad sin esperanza.
Yo: Somos hijos del tiempo y el tiempo es esperanza.”
“no podemos renunciar ni al acto ni a la contemplación” nos producimos en el tiempo la garantía de poder elegir en cada una de nuestras acciones un mejor porvenir, pero también en ese tiempo podemos contemplar el sentido tal vez de la vida de nuestra propia vida, su razón de ser y sobreponernos a ella y continuar, “despoje la duda del hombre más próspero y saludable del mundo: se ahorcará inmediata mente, de esperanza al hombre más débil, el arriesgará sus riquezas, su salud e incluso su vida por esa esperanza,” aquellos soldados que luchaban en el campo de guerra quizá fueran manipulados por esos demonios que describe Octavio Paz, pero aún en esa situación la esperanza de salir con la victoria, de salir con vida de protejer al compañero, al grupo, a los ideales les dio esa humanidad tal vez para no dejarse morir sin mas ni más...
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