Ir al supermercado es todo un viaje, dependiendo del humor que uno tenga puede llegar a ser entretenido o bien un arduo trabajo en el que se debe escoger entre decenas de formas y colores con presupuesto limitado librando pequeñas batallas mentales para alejar los embates de la mercadotecnia.
Desde escoger el carrito con ruedas que no se vaya para donde le de la gana, librar el área del ocio y la tecnología que siempre son tentadores, luego esos pasillos con algunas cosas utiles para el hogar y algunas otras frivolidades, pasar el área de ungüentos, polvos y menjurjes que a las mujeres hipnotiza, igualmente el area de vinos y licores que son todo un desperdicio y pena dejarles en aquellos anaqueles, luego hacer uso o bien bloquear aquella tonadilla que nos ayuda a escoger entre tal o cual marca, para tal o cual situación, para tal o cual característica, -carajo sí yo solo quería lavarme el pelo- y así hasta llegar al área de la papa entiendase la comida.
Esquivar unos tras otros a las y los demostradores y demovendedores insistentes, portándose bien y como gente para no ser seguido por los sistemas de seguridad (que no tienen tu sentido del humor) y darse oportunidad de ver si hay novedades en los trapos y otras mercancías generales que por lo general siempre son de cuestionable gusto y calidad, sí realmente no es cosa fácil llegar luego a hacer larga fila para pagar y salir cual gran cazador con tu codiciada presa.
Por otro lado es interesante ver lo que los carritos cuentan por la mercancía que contienen, si es para una fiesta, una pareja joven, con niños, si tienen mascota, o son adultos, si es soltera o soltero (por cierto que entre quincena y ya noche han aumentado el número de solteros que realizan sus compras hogareñas, percepción solo para el ojo entrenado, me dicen que correlacionado al número de hombres gay, olvidenlo chicas, anotenlo chicos) en fin que se puede ver hasta a quien le han quitado la alegría de vivir, nada más hay que ver que tan ordenado esta el carrito, y aunque esto siempre lo hemos tomado a broma entre mi hermano y yo, si nos ponemos a pensar que existe gente con agendas tan apretadas y tantos asuntos por atender que no pueden dejar margen a la espontaneidad, es algo triste. Saben perfectamente que deben conseguir y donde lo encuentran no hay alternativas, no hay opción, habrá a quienes en general les gusta el orden y a otros a quienes no les queda mas remedio que reducir la toma de decisiones al mínimo y romper sus propios recors de tiempo viviendo una rutina, si al menos la tarea se la dejaran a otro y es que ciertamente hay mejores cosas que ir al supermercado -¡vayamos al centro comercial¡- , -otro día-...
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